UNA OPINION

UNA OPINIÓN

¿Y SI TODO ESTO FUERA MENTIRA?. Esta pregunta ya está indicando una dirección concreta, pues, al menos en una gran mayoría así es. Llevaba ya un tiempo con esta idea a vueltas y la pregunta adquiere fuerza presentándoseme tal cual, según estaba inmerso en la Cuarentena en junio de este año 2.015. La respuesta fue inmediata, si bien, ya de antes tenía mis percepciones.

Es una frase, un pregunta, que conviene interpretarlo, digamos que de modo general, como algo genéricamente, mayoritariamente extendido, dado que hay personas que dándose cuenta que efectivamente todo esto es una gran mentira, se hacen conscientes de que no son poseedoras de la verdad y se disponen a ir al encuentro de la misma, que durará toda una vida.

¿De qué mentira hablamos? Parece que todo el mundo, o al menos así lo manifiestan , tiene por objetivo el bien de la Humanidad. Cada cual tiene su punto de vista, en cualquier caso nadie podrá decir que su situación es saludable. Llevamos milenios actuando y ejerciendo los métodos o sistemas de imposición de una razón o razones sobre otra razón o razones, y estamos donde estamos, con la violencia como la expresión dominante. Tiene que haber otra manera, otro modo, otro comportamiento.

La Razón. Somos más de siete mil millones las personas que vivimos en este planeta y cada cual tiene “su razón”. Por lo tanto la razón está muy extendida, está por todas partes, cada cual con la suya. Y curiosamente, la razón no está en parte alguna, o dicho de otra manera, está y no está. El razonamiento de una persona tiene el mismo valor que la de cualquier otra, nadie es superior a nadie, ni más ni menos, sea cual sea su condición social. Las circunstancias empiezan a cambiar cuando una persona con un razonamiento determinado dispone de un mayor poder material, el poder que le otorga los recursos que le rodean y dispone. Como se ve, no es su razón, ni su poder personal ni humano, es otro tipo de poder.

El Poder. Ese poder que manifestamos hacia fuera es la expresión de nuestro temor ante la vida, a la vez que desconfianza. No es la cooperación, no es el compartir, vive alejado/a de lo que realmente es la fuente de toda la creación. Cada cual en su nivel, en su medida, en su particular condición humana, siempre que trata de estar por encima de la otra parte, el temor está interactuando en dicha relación.

Cuando alguien desconfía de las normas de la Naturaleza, actuamos ya errando. Corresponde transformar el actual concepto de poder, y empoderarnos siendo conscientes de los recursos propios que disponemos, de la maravilla que somos tanto para amar como para cooperar. Así los diversos razonamientos se irían compactando armoniosamente, el bienestar reluciría. ¿Acaso no es esto lo que pretendemos?.

Temerosidad. En la actualidad es el factor o sentir dominante en cualquiera expresión de la relaciones sociales como puede ser en la familia, en las relaciones mutuas, en las conversaciones, en las ikastolas/escuelas, en la universidad, en el trabajo, en la ausencia de la actividad laboral, en el deporte, en la religión, en las relaciones de género, en la emigración, en la política, en la ciencia, en la investigación,… Observa con detenimiento, sin juicios previos, y te darás cuenta que es así. Y viene la pregunta: ¿Dónde está el amor?. Ya decía antes, están presentes e interactuando la falta de seguridad, así como la desconfianza. El temor nos debilita, y como que empuja hacia comportamientos violentos. Y esto, en cualquiera de las circunstancias.

Dedicamos buena parte de nuestra vida en observar el comportamiento de otras personas, de otras situaciones, dado que no nos es agradable dirigir la mirada a nuestro propio interior. La persona que vive en el temor pierde la condición/capacidad de amarse a sí misma, como que no dispone de ese poder natural que lleva consigo y se arrastra, o se deja arrastrar -quizás sin darse cuenta- por el miedo, la parálisis, por la sensación de amenaza, culpabilidad, ansiedad, angustia, desvalorización, y también el correspondiente estrés. Acaso un poco de todo, o de algunas más que de otras. Alguien dijo que la enfermedad es la manifestación del desamor.

Si así lo decidiera cada cual, nadie nos puede arrebatar el inimaginable poder que disponemos, pues nadie tiene el poderío para quitárnoslo, y aquí claro está, no nos referimos al poder material. Para ello es necesario tomar conciencia del mismo, ahí está la sustancia. No sé si alguna vez te has puesto a pensar qué es lo que hizo posible la explosión del Big Bang, a partir de la cual se manifestó la creación. ¿Qué pudo ser si no fuera la Conciencia?.

Compararnos con otras personas o situaciones, criticar y juzgar, nos debilita todo ello, vamos renunciando a nuestro propio poder. El temor, la desconfianza,.. toman el protagonismo en nuestro comportamiento.

La Triada para la Emancipación. La Persona, la Humanidad y la Naturaleza. Cada una de ellas tiene su espacio/lugar -por usar palabras-, y a la vez tienen una correspondencia, yo diría que mágica, aunque es real. La Emancipación, el Bienestar, son, serán, el resultado del nivel de armonización de las correspondientes relaciones, de unificar tal comportamiento armónico, y para ello hay que dar “el salto”. Lo que viene a continuación es una frase que para mí tiene una gran validez: “La Salud de la Tierra depende de la salud de nuestros corazones”.

La Persona. Cada vez se es más consciente de la importancia que tiene la manera de gestionar nuestra vida, nuestras relaciones, en definitiva, nuestros pensamientos y emociones. Tengamos en cuenta que todo pensamiento es energía que se transmite. Una inadecuada gestión de las mismas hace que nuestro cuerpo se cargue de toxinas y acabe enfermando. Nos alejamos de la llamada interior.

Hemos venido a este mundo para disfrutar, y resulta que en no pocas ocasiones, es el sufrimiento el habitual acompañante, y esto no deja de ser un gran contrasentido. Atención, cualquier síntoma sea de la intensidad que sea y el lugar del cuerpo donde se manifieste, no es casualidad alguna, tiene su para qué, y viene siempre, o casi siempre, de la mano de las inadecuadas vivencias emocionales. Una vez que se comprende esto, y tomas conciencia de ello, se abren las puertas para la armonización y el disfrute, y también claro está, para la sanación. Y así, como somos un holograma, cada parte está en el todo y el todo está en cada parte, es un bien añadido para la Humanidad y la Naturaleza.

La Humanidad. Su ser está en relación directa con cada una de las personas que son parte de ella. Poco favor hace a la Humanidad quien vive atrapada en el temor. Claro está, tratar y esforzarse en cambiar para que las cosas vayan a mejor –y aquí cada cual con sus creencias-, puede ser válido, si bien, para el futuro de la Humanidad y para el bienestar de la misma, eso siempre será un acto limitado.

Es de suma importancia que cada uno-cada una se encuentre a sí misma, no hay para que esforzarse, que la coherencia entre el pensar-sentir-actuar sea el comportamiento habitual, y así con el poder que nos otorga la confianza y seguridad de ser parte de esa Conciencia. De esta manera va tomando cuerpo, digamos que sentido, la correspondencia entre la Persona como entidad individual, y la Humanidad como ente colectivo.

Naturaleza. He aquí el tercer elemento. Es sabido que el corazón, al igual que las células, tienen su carga/contenido electromagnético, y así lo desprenden. La Humanidad en su conjunto dispone de su vibración, la suma de cada una, se expande y la Naturaleza se apropia de ella. Como consecuencia, el comportamiento de la Naturaleza está directamente relacionado con el ser de la Humanidad. Transformando las vivencias de desamor por comportamientos de amor la Naturaleza vibrará en armonía. Y así un buen comportamiento de la Triada es la garantía de la Humanidad que disfruta y de la Persona que está en su paraíso.

Dar el salto. Dar el salto no es ir a no sé qué lugar, es saber estar donde/como hay que estar y sentir. No necesitamos ir a ninguna parte, sabemos por física cuántica que disponemos de todo, para ello sólo hay que tomar conciencia del Yo con mayúscula. Lo que está, está donde tiene que estar, pues así lo hemos decidido y así lo tenemos que aceptar. En la medida, o dicho de otra manera, según se vayan unificando y vibrando en la misma dimensión armónica tanto la Persona, como la Humanidad y la Naturaleza, el bien, el bienestar aflorará tomando el testigo. Depende de cada cual y de la colectividad y es nuestra decisión si queremos continuar al igual que los milenios anteriores o cambiamos.

Los comportamientos, el proceder habido, nos hacen estar donde estamos y como estamos. Merecerá por ello dar el salto y superarnos, transcender para que en el próximo milenio o milenios el bienestar generalizado sea la norma, al igual que el disfrute, como ya lo indicaba anteriormente, pero insisto. La certeza de que así ocurra está en ser parte de la Conciencia y vivir en ella.

 

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